Un sentimiento patriótico en el corazón
Cuando comenzamos a dar nuestros primeros
pasos en el jardín de infantes, nos enseñaron a cantarle a “la banderita
celeste y blanca” todas las mañanas y a representar al General San Martín o
a Belgrano en los actos conmemorativos de las fiestas patrias.
Cuando éramos niños, constituía todo un
acontecimiento y un orgullo emocionante el poder recitar delante de todos,
esa poesía dirigida a nuestra bandera que tanto nos costó aprender. Lo mismo
nos ocurría al representar a los próceres de la historia.
Ahora, como papás, también lo vivimos con
emoción, pero generalmente no por la fecha patria como lo sentíamos antes,
sino por que nuestro hijo esta actuando por primera vez.
A medida que íbamos creciendo, no teníamos
el mismo entusiasmo que en aquellos primeros años en que le pedíamos a la
“seño” que nos eligiera para actuar; es más, si podíamos “zafar” de ese
compromiso, mejor; por lo que los días patrios sólo pasaban a ser en nuestro
corazón una fecha en la que no teníamos que ir a clase, y tanto peor si nos
tocaba un fin de semana.
Con esta breve introducción quiero contarles
cómo, integrando el coro, he recuperado el sentimiento patriótico y el orgullo
de llevar en el pecho la escarapela celeste y blanca.
En el año 1993, me tocó protagonizar por
primera vez una gira internacional con el Coro Municipal de Merlo por Europa,
donde realizaríamos varias presentaciones y participaríamos en un concurso.
Todavía no puedo olvidar cuando el coro
estaba formado arriba del escenario presto a cantar su primera canción de
concurso. Fue presentado por un locutor en alemán, idioma que mis compañeros y
yo desconocíamos por completo. No sabíamos qué estaba diciendo, pero todos
entendimos cuando dijo “Argentina” y a decir verdad, nos envolvió una gran
emoción ya que estaba claro que en ese momento estábamos representando a nuestro
país: éramos sus embajadores.
Tampoco puedo olvidar lo que significa cantar
el himno en el exterior. Cuando por televisión veía a “Los pumas” llorar
escuchando el himno, recordaba el momento de aquél 9 de julio de 1998, en Gales,
cuando en una sala de ensayo, Miguel Villagra, nuestro Director, tocó en el
piano el Himno Nacional y todos nos pusimos a cantarlo con gran emoción.
Pero sin ninguna duda un momento inolvidable,
fue unos años antes, en 1993 en Belfort, Francia, en un festival masivo de
música en donde estaban representados innumerables países del mundo. Era la
primera vez que una delegación argentina participaba del evento. En esa ocasión
el Presidente del Tribunal se disculpaba por no haber puesto la bandera
argentina en la fila interminable de banderines de todos los países
participantes que adornaban las calles del pueblo. Fue allí entonces, que
desatamos las cintas argentinas que adornaban nuestras guitarras y bombos y se
las entregamos al presidente del evento, quien ordenó inmediatamente a un
colaborador a colgarlas junto a las otras.
Ver esa escena me hizo sentir como aquellos
días cuando mi mamá me ponía el guardapolvo impecable para la fiesta patria y yo
con orgullo, me paraba delante de todos a recitar una poesía o a hacer de
Belgrano. Volví a sentir esa emoción patriótica, ese sentir argentino que yo,
gracias al Coro, recuperé para siempre.
Sergio A. Paduczak
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