Anécdota I
En el viaje a Brasil de 1984 se rompió el
parabrisas del micro ¡Qué susto!. Hubo que pasar la noche en Uruguayana y
esperar al día siguiente para que lo reparen.
Fue una de las noches más insólitas de
mi vida. Como el viaje recién comenzaba no queríamos gastar mucho en el
hotel y nos acomodamos como pudimos, en mi caso compartí la habitación con
¡6 personas!. Dormimos 5 chicas en sólo dos camas (imaginen la comodidad) y
dos compañeros en el piso de la habitación. A pesar de esto lo recuerdo como
una de las noches más divertidas de mi vida.
Para completar el cuadro, Miguel, Kuki y Diego (que en ese
momento era chico) viajaron en avión porque pensaban quedarse unos días más
en Brasil. Así que imaginen la desesperación del director cuando pasaban las
horas y todo el coro, incluido sus dos hijos mayores, no aparecían y no
tenían ninguna noticia (en esa época no había celulares). Nos rastreó la
policía brasileña en la ruta hasta que nos ubicaron.
Finalmente con muchísimas horas de retraso llegamos sanos y salvos a Porto
Alegre donde tuvimos una maravillosa experiencia coral.
Ya llevo 26 años largos en el coro, bastante más que la mitad
de mi vida y lo siento casi como otra familia, que me acompaña en las buenas y
en las malas.
En el coro conocí al compañero de mi vida y encontré a
grandes amigos, con los que hemos crecido juntos. En aquella época nos
preocupaban las notas y los viajes de egresados, hoy compartimos la experiencia
de ser padres y hablamos de nuestros hijos.
En todo este tiempo pasaron muchas cosas, nos pusimos de
novios, nos recibimos, hubo que empezar a trabajar, nos casamos y nos llenamos
de responsabilidades.
Algunos se fueron y otros vinieron, pero el amor al canto y
las ganas de compartir buenos momentos siempre han estado presentes.
Espero que el coro me siga brindando tantas alegrías y
emociones como hasta ahora y pueda seguir disfrutando junto a mi familia, mis
amigos y mis compañeros, la felicidad de cantar.
Mariana Medina
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