Anécdota III
Gales, 9 de julio de 1998.
Era un jueves soleado y fresco. Por la
mañana, muy temprano, todos nos preparábamos para el gran día… para muchos,
que ya habían atravesado esa experiencia era un día más… no para mí.
Miguel nos cito a las 8:30 en una pequeña
capilla del pueblo, recuerdo sus colores sepias, sus puertas de madera
maciza y añeja, sus pisos de mosaicos calcáreos rojos y un aroma muy
especial.
Nos destinaron una sala aledaña al edificio
principal y allí comenzó el ensayo.
Los rayos de luz atravesaban los esbeltos
vitraux, ya todos estábamos dispuestos a comenzar.
Ese día era “el día del concurso”. Yo estaba
nerviosa, ansiosa y expectante. De pronto el piano comenzó a sonar y nuestros
ejercicios de vocalización precalentaban nuestras voces… estábamos listos para
repasar una y otra vez mas las obras del concurso. De pronto el murmullo ceso
cuando “el maestro” comenzó a tocar las estrofas de nuestro himno nacional.
Todos nos paralizamos… ¡Era el 9 de julio!
Estábamos muy lejos e íbamos a representar a
nuestro país en una tierra muy lejana…
Muchas sensaciones me produjo escuchar esos
acordes, entonces mis lagrimas y las de todos mis compañeros se hicieron notar.
¡Qué emoción! ¡Qué sentimientos tan
profundos! Terminamos de entonar el himno y nos dispusimos a ensayar. No importa
como salimos ese día pero nunca voy a olvidar ese instante que compartimos tan
lejos de casa.
Mariana Paula Díaz
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